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—Composición y uso de los jarabes en la antigüedad (2ª parte)

 img298.jpgEl modo de hacer un jarabe es a base de cocciones y miel, a los que se mezcla jugos de frutas y plantas, aguas destiladas y, en ocasiones, en lugar de miel se pone azúcar.

El julepe se prepara con azúcar, o cualquier jarabe, y agua. Pero se recomienda hacerlo con azúcar e infusión de flores. Para ello se agregan rosas o violetas en agua hirviendo, y se tapan bien, cuidando que no haya evaporación; después se exprimen las flores y la infusión se hierve levemente, con azúcar. Así queda hecho el julepe, se emplea para refrescar, humedecer y apagar la sed.

Estos julepes son para usar en el día y no se conservan, a no ser que en lugar de una leve ebullición, sufran una cocción perfecta con mayor cantidad de azúcar, a manera de jarabe.

El empleo de los jarabes era variado, como se detalla a continuación. El apocema o pócima se diferencia del jarabe en que no se cuece tan perfectamente, ni se conserva tan bien. Hay quien le llama jarabe «largo». A nuestro entender, la pócima no es otra cosa que un cocimiento, al cual, para darle mejor sabor, se le añaden condimentos dulces, o también otras sustancias medicamentosas.

Los Robubs o arropes son jugos espesados al sol o al fuego, que carecen de dulzor. El rob o arrope puro es el mosto cocido o sapa, pero con adición, también conocido por rob de Ribes.

El looc no se bebe de la misma manera, sino que se chupa, reteniéndolo en la boca. Se usa con miel, para limpiar la garganta y bronquios, suavizando cuando aparece tos, picazón u otras afecciones torácicas.

Pero volvamos a los jarabes como tales. Se preparan de ordinario tomando casi tantos manojos de hierba, raíces, semillas o flores como litros de agua haya; todo ello se cuece hasta reducir el volumen del líquido a la mitad. Las raíces necesitan mayor tiempo de cocción que las flores, hojas, frutos y jugos. El líquido resultante de la cocción se clarifica con clara de huevo; luego se añade igual peso de miel o azúcar. Todo ello en ebullición suave; nuevamente se cuela, y, por último, bien cocido. Cuando ha adquirido una consistencia viscosa, está obtenido el jarabe.

Si esta preparación se cuece poco, al resultante se le llama apocema. Se aromatiza y se le echan unos polvos sutilísimos.

La dosis aconsejada de este tipo de jarabe es de onza y media a dos (40 a 50 gramos) al día, en doble o triple de agua, de forma que la cantidad total sea la de unas seis onzas aproximadamente (150 gramos).

Normalmente los médicos en la antigüedad aconsejaban con preferencia los apocemas (pócimas), ya que los jarabes, por su vejez o excesiva cocción, tenían mermados los principios activos de las plantas que los componían. Más al faltar las hierbas frescas en invierno, como no se podían hacer apocemas, se veían obligados a hacer reposición de los jarabes para gran parte del año.

Esta forma de preparar los jarabes está siempre presente en la mente de Galeno, el cual en el libro VI compone con miel varias medicinas de los jugos de nuez, de moras, de manzanas, de granadas y de membrillos. Todas estas preparaciones han de clasificarse entre los loocs y robubs más que entre los jarabes. Pues dice, al principio del libro, «porque estos jugos, a no ser que se cuezan prontamente, se corrompen, aún cuando se los mezcle crudos con miel, por eso se idearon el cocer los jugos con miel, y así disponerlos para que sirvan todo el año, y no sólo en la época en que se extraen los jugos». Añade Galeno, «que no sólo sirve la miel para la conservación, si no que ayuda por su propia virtud; la cual ayudará también en los jarabes, laxando y haciendo mover el vientre, y halagando al paladar con su dulzor.

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