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—Sustancias para quitar manchas (2).

El Potipoti quitamanchasYema de huevo. Tiene poco más o menos las propiedades de la hiel de vaca. Su acción es más enérgica si se le añade un volumen igual de esencia de trementina. En el momento de usarla se calienta a unos 40 grados centígrados.


Aceites volátiles. Los aceites volátiles rectificados, o esencias, especialmente los de trementina (aguarrás), limón, lavanda, bergamota, etc., quitan con facilidad las manchas de aceite, grasa, resina, alquitrán, pez y betún. La de trementina es la mejor y la más económica. Tiene sólo el inconveniente de poseer un olor penetrante y molesto, que se puede hacer desaparecer sumergiendo el tejido en alcohol. Debe emplearse sin adición de ninguna clase y sobre la tela bien seca, puesto que la humedad le quita algo de su energía. Conviene que sea absolutamente pura, pues de otro modo deja una aureola alrededor del punto tratado.

Alcohol rectificado. Disuelve bien la cera, la estearina, el sebo y las materias resinosas. Puede, además, servir para quitar las manchas de barniz, pintura, pez y alquitrán, de las telas de lana, y a veces, de los tejidos lisos, con tal que no hayan sido penetrados. Se puede emplear el alcohol en mezcla con una yema de huevo o hiel de vaca, ya sea para conservar estas materias o para hacer su acción más eficaz.

Bencina. Disuelve los cuerpos grasos, las esencias, la cera, la resina, la pintura, etc., sin dejar rastro sobre los objetos. Sustituye con ventaja a la mayor parte de las esencias en el desengrase. Se puede aplicar sobre una tela cualquiera sin que altere su color o brillo, y sirve para limpiar guantes. Es necesario emplearla pura, y no la calidad comercial; ha de ser perfectamente incolora.

Polvos absorbentes. Sirven para quitar las manchas de grasa, pero su empleo está subordinado a la clase de tejido y al tinte que éste posea. Así, para las ropas blancas, sirve muy bien el yeso; la esteatita (jaboncillo), la tierra de pipa y de ceniza, están indicadas en el caso de telas de color; la creta y el albayalde limpian muy bien las telas claras de lana, el satén blanco y las tapicerías. Estas sustancias se reducen a polvo finísimo y con él se espolvorean las manchas, frotando con un cepillo o franela. Después se sacude la tela para expulsar el polvo. El caolín da buenos resultados para quitar las manchas recientes de aceite; es el medio más eficaz en este caso. Se ha de emplear en gran cantidad, cambiándolo con frecuencia y manteniéndolo bajo fuerte presión.

Aguas de cloro. Más que detersivas son corrosivas, pues con las manchas quitan también las fibras de los tejidos, cuando no son usadas con la máxima moderación y precaución. Es conveniente que la pequeña cantidad necesaria sea perfectamente diluida en agua y no vertida directamente sobre los tejidos. La inmersión de una prenda manchada no debe durar más de quince minutos.

Las aguas de cloro sirven también para ciertos pavimentos.

Saponaria; corteza de Panamá. Las telas de lana se lavan muy bien con una decocción de estas materias, pero quedan con un tinte amarillento, que se puede hacer desaparecer lavándolas finalmente en una solución muy diluida de ácidos cítrico o acético, o con jugo de limón.

Los drogueros las venden en pedacitos y se emplean haciendo una infusión en frío, o mejor en caliente. El producto del comercio es la corteza Quilaja Smegmadermos, del Brasil, etc., del brasileño quilloan, que significa lavar.

Otro producto para lavar es la saponina, principio saponificante extraído de la saponaria y de otras plantas análogas; es de uso muy cómodo, pero resulta caro.

La decocción de saponaria se realiza del modo siguiente: Se cuece mucho tiempo la corteza respectiva en diez veces su peso de agua hirviendo, añadiendo de vez en cuando el agua evaporada; se separa el líquido de los pedazos de corteza y ésta se hierve de nuevo en otra pequeña cantidad de agua con objeto de extraer por completo la saponaria; a continuación se mezclan las dos decocciones obtenidas. Este líquido se puede emplear directamente o añadiéndole jabón u otros diversos disolventes de las grasas.

Hiedra. Las hojas de hiedra quitan las manchas de los tejidos. Se lavan unas veinte hojas jóvenes y muy verdes, se ponen en un vaso, se escaldan con medio litro de agua hirviente y se dejan en maceración unas dos horas. El tejido manchado se lava y se frota bien con el infuso pasado por un lienzo. Los colores recobran su primitivo brillo, pero es necesario tener mucho cuidado en la operación de secar; la ropa así lavada, no puede plancharse. De este modo se lavan bien la seda y las cintas negras.


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